Mi nombre es Maitane, y escribo esta reseña porque me siento directamente responsable de lo que le ocurrió a mi amiga Mónica. Hace tres semanas escribió una reseña, lo podéis ver mas abajo. Fui yo quien le recomendó acudir a Clínica Milena, ya que en mi caso personal, acudí dos veces —una para ácido hialurónico en los labios y otra para bótox en la frente— y...
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Mi nombre es Maitane, y escribo esta reseña porque me siento directamente responsable de lo que le ocurrió a mi amiga Mónica. Hace tres semanas escribió una reseña, lo podéis ver mas abajo. Fui yo quien le recomendó acudir a Clínica Milena, ya que en mi caso personal, acudí dos veces —una para ácido hialurónico en los labios y otra para bótox en la frente— y quedé satisfecha con los resultados.
Por eso mismo, cuando Mónica me comentó que quería tratarse unas manchas en la cara provocadas por acné, no dudé en sugerirle este centro, confiando plenamente. Lamentablemente, su experiencia fue radicalmente diferente a la mía. Desde el primer momento en la sesión de láser, Mónica sintió un dolor extremo, una sensación de quemazón constante, y pese a sus quejas, se le insistió en continuar. Acabó con quemaduras visibles en la piel, como posteriormente le confirmó un dermatólogo reconocido, el Dr. Quintana, en Girona.
Lo más decepcionante no fue solo el daño físico, sino la total falta de responsabilidad profesional y humana por parte de la clínica. En lugar de asumir lo ocurrido o mostrar empatía, se limitaron a dar largas. Mónica actuó con mucha cautela, decidió no publicar nada al principio y centrarse en curarse. Intentó resolverlo de forma amistosa, e incluso les pidió que asumieran el coste del tratamiento dermatológico que necesitó para reparar los daños, pero la respuesta final fue que solo responderían si lo solicitaba por la vía legal, con el coste que eso supone para el paciente.
Ahora, dos años después, Mónica ha decidido no reclamar por vía legal y renunciar al dinero, pero sí contar su experiencia. Lo ha hecho con respeto y después de mucho tiempo, precisamente porque sabe —como empresaria que es— lo delicado que es recibir una mala reseña. Pero también sabe cuándo se está vulnerando algo tan importante como la salud, la dignidad y la piel de una persona.
Lo que me indigna es la respuesta pública que recibió: no solo negaron los hechos, sino que la dejaron en mal lugar, sin mostrar ni un gramo de empatía. Quienes leen esa respuesta sin conocer el trasfondo pueden pensar que Mónica actuó con mala intención, y eso no es justo.
Por eso hoy escribo yo. Porque fui quien le recomendó este sitio. Porque lo viví con ella. Y porque quiero dejar claro que lo que aquí falló no fue una máquina, sino la actitud posterior: la falta de profesionalidad al no reconocer una mala praxis, la frialdad con la que se desentendieron, y la ausencia total de humanidad. Eso es lo que más duele.
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